sábado, 23 de marzo de 2019

25 AÑOS Sierra de Castril (Barranco Seco)

Durante aquellos años cualquier viaje a Barcelona incluía una visita a Jordi Gual y su tienda Nus en la Plaça del Diamant. Aquí conseguí algún que otro libro y revistas de espeleo que incluían información sobre barrancos. Encontrarla no era algo tan accesible como hoy en día. En una de las ocasiones apareció algo inhabitual:


Barrancos en Andalucía, y nunca había oído hablar de la Sierra de Castril. Allí les llaman 'cerradas'. Era de lo más sugerente.
Ni recuerdo ni tengo apuntado como se gestó aquel viaje, pero de alguna manera Edu Gómez y yo nos pusimos de acuerdo para tomar rumbo al sur en marzo de 1994. Completaban el equipo dos amigos suyos, Paulino Yuste y Manuel Plancho. También venía Xavi Michelena (con quien había abierto años antes el Barranco de la Canaleta, ver aquí, y el de las Cuevas de la Reina, ver aquí), pero desapareció nada más poner los pies en Granada dejando los barrancos para otra ocasión.

ANTES DE CASTRIL
Edu tenía un contacto en esta ciudad. Se llamaba Francisco Fernández y era un escalador formidable. Amable y simpático, se ocupó de alojarnos y acompañarnos por la ciudad. Él nos llevó a nuestros dos primeros barrancos andaluces, muy diferentes entre sí: el Río Lanjarón y el hace tiempo muy conocido Río Verde.


Pues sí, el descenso del Lanjarón resultó una verdadera patata. En el centro se ve a Edu en el único punto salvable del descenso. Por el contrario, la aproximación fue tan interesante como maravillosa y compensó con creces todo lo demás.


Estas dos fotos son del cañón aguas abajo del final de Río Verde: seco, con tramos muy estrechos en impresionantes formaciones de toba y ,aunque nadie parece hablar de él, nos gustó mucho. Es el "cañón seco" del croquis que dibujé y que también comenté en mi agenda.

Paco ya no vino a Castril y nunca más pude volver a verle. Murió en el otoño de aquel mismo año explorando barrancos en la India, algo inaudito en la época.

CASTRIL. Ojos como platos
Todo lo que teníamos sobre la Sierra de Castril era el artículo de EspeleoSie y dos mapas a 1:50.000 del ejército que encontré en Granada:


Allí que nos fuimos y así se nos quedaron los ojos mientras entrábamos por el valle.

Izquierda: Cerrada del Buitre. Derecha: Cerrada de la Malena o Magdalena.

Y se nos cayeron al suelo cuando vimos la Cerrada de Túnez:


Nos quedó muy claro a donde nos íbamos inmediatamente. Era 21 de marzo y los cuatro efectuamos el descenso.
Maravillados. Para mi, uno de los barrancos canónicos que he llegado a conocer. Por si me cabía duda de que el agua no es importante.

El maravilloso interior

El formidable final

Hice un croquis en una libretita azul y así quedó luego en limpio. Tal cual lo encontramos aquel día.

Salimos entusiasmados. Por la tarde nos acercamos al interior de la Cerrada del Buitre y a continuación aprovechamos para bajar también la breve Cerrada de Leza.

En la foto del centro se ve en primer plano el brevísimo Leza I y junto al cortijo el Leza II (el que bajamos).

El interior parece tan esculpido como dibujado.

En la misma libretita levanté un perfil que luego dibujé mejor.


Según veo en la agenda tuvimos que reinstalar a menudo en ambas cerradas. ¿Cuántos descensos hubo antes del nuestro? La publicación del SIE es de 1993 y la fecha de las topos que en ella figuran son del 29 de marzo y 1 de abril de 1991. En ella se habla de "exploración" y no hay ninguna referencia a personas con nombres ni apellidos, cosa, es verdad, frecuente en la época. Presuponemos que se trata de primeros descensos. ¿Hicimos nosotros el segundo?

CERRADA DEL BARRANCO SECO
Esta cerrá es más discreta que sus vecinas y no se mencionaba en el artículo de referencia. Se nos ocurrió que quizá tendríamos suerte con ella.


Y así fue. Tal día como hoy, hace 25 años, los cuatro infiltrados que, como aquellos catalanes tres años antes, también veníamos del norte, realizamos el primer descenso de esta pequeña cerrá.

Menos marcada pero en la tónica de los anteriores.

Y el interior de dimensiones más modestas pero bien configurado.

El borrador de la libretita azul (que de nuevo efectuó el descenso con nosotros) y el croquis ya en limpio.



Guardo en la memoria un inmejorable recuerdo de aquellos días de marzo de 1994, no ha hecho ninguna falta que crezca con el paso del tiempo. Y a la vez, un recuerdo muy solitario del valle del río Castril. Roca pulida, sol y clima reseco, unas pocas personas en los cortijos. Nunca he vuelto. ¿Qué seguirá de todo aquello? ¿Cuántas veces me he hecho esta pregunta, en este y en otros lugares?


En junio y septiembre de ese mismo año publiqué en Desnivel la Cerrada de Túnez y el Río Verde. Al año siguiente le tocó a la cortita Cerrada del Barranco Seco. Fueron el momento donde dieron, por así decirlo, el salto de lo (casi) privado a lo público.




Poco más arriba he comentado que nunca más pude volver a coincidir con Paco Fernández. Pero quiso la casualidad que un año después compartiéramos un pequeño espacio. Precisamente en ese mismo nº de la revista Desnivel la portada anunciaba un artículo: "Naranjo de Bulnes, libre en el Pilar del Cantábrico". En él se rememoraba a Paco cuando en los años 1992 y 1993 resolvió en libre este mítico itinerario. De esta manera, separados por unas pocas páginas y no por las desgracias de la vida, volvimos a encontrarnos.

viernes, 25 de enero de 2019

VIEJAS PIEDRAS SUBIENDO A GÓRIZ

El pasado 7 de enero, camino de Góriz durante este comienzo de invierno con apenas nieve, volvimos a encontrarnos con aquellas viejas piedras. Sabía muy bien donde estaban pues las vi por primera vez el 16 de junio de 1990. Aquel día íbamos Fernando Biarge y yo de exploración barranquista por Soaso. Además queríamos ver con detalle el Barranco de Soaso (ya lo hemos comentado antes, ver aquí).

Página del diario y foto de aquel día.

Han pasado 29 años y las piedras siguen en su sitio:


La flecha roja señala el lugar exacto. Por debajo se ve bien la Cola de Caballo (con escaso caudal) y por la derecha se distingue la traza del camino que sube a Góriz.

Y se encuentran así:



No me cabe duda de que, antes de nosotros, alguien repararía en ellas. Están muy cerca del camino y no es difícil verlas si se presta atención. Además, cualquiera que haya ido a la Cueva Garsés ha pasado forzosamente junto a las mismas. Sin embargo, parece ser que solo recientemente estan siendo divulgadas, al menos de una manera no marginal.

El 24 y 25 de noviembre de 2015 se celebró el I Congreso de Arqueología y Patrimonio Aragonés (ver aquí). En la sesión 5 recogida en las Actas figura un artículo en el que se reseña el círculo de piedras que nos ocupa:


(Ver la sesión completa con el artículo aquí)

Asimismo, el 14 de diciembre de 2016 se celebró la II Jornada de Investigación Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Entre las ponencias presentadas una hacía referencia el círculo:

(Ver todas las ponencias, incluido el artículo, aquí)

Y al año siguiente, 2017, se celebraron en Boltaña las III Jornadas de Arqueología, cuyo cartel anunciador se ilustraba precisamente con este mismo círculo de piedras:



(Ver contenidos aquí)

Efectivamente, tantos años olvidadas y de repente saltan de su letargo. Pero ¿es realmente de origen prehistórico lo que ahora vemos? Da la impresión de que sí. Las losas principales están hincadas en las grietas o caídas junto a ellas, y son de buenas proporciones. No hay muchas más piedras que, por su situación, pudieran testimoniar los restos de una caseta o un cercado. Al contrario, son más bien pocas, con otros tamaños y parecen desplazadas al capricho. ¿Quizá el primitivo círculo fue reutilizado con otros fines mucho más provisionales y efímeros?

miércoles, 14 de noviembre de 2018

25 AÑOS (se nos escapó de las manos el) Barranco de Estribiella

Pocos días después del chasco de San Andrés (ver aquí) se iban a disponer las cartas para una jugada parecida...

El 3 de noviembre de 1993 anoté en mi agenda:
"Me cuenta M. Vallés que el bco. que baja de Estiviella va estrecho en un tramo de cascadas. Siempre me lo he preguntado. Bien, iremos a él"
Dispuestos a ello Werner y Helga Zindel me visitaron el sábado 6 pero Miguel Santamaría, de Jaca, me dijo por teléfono que había nevado en Peña Oroel. Hacía frio y auguraba mal tiempo. El barranco esperaría un poco más.
El día 12 volvimos a contactar y quedó decidido. Y esto sucedió:


 Estas son fotografías de aquel día.

Decididamente el mal tiempo jugó en nuestra contra. Mala suerte, pues allí perdimos sin saberlo nuestra oportunidad.
Paso el invierno y al comienzo del verano un grupo de montañeros y escaladores del Club San Jorge de Zaragoza tuvo la misma idea...


No apunté la referencia de donde se publicó esta reseña, pero confirma y precisa lo sucedido.

El 7 de agosto de ese mismo año, sin saber nada de todo esto, José Antonio Cuchí volvió a Estribiella en compañía de Gemma Garcés, Mariano Vallés, Toño Ubieto y Manolo Avellanas. Y, claro está, se lo encontraron instalado... Se consoló con realizar el croquis y tomar unas notas (sin olvidar su condición de geólogo):



Esta información de José Antonio fue la que utilizaron Fernando y Ana Biarge para su libro de 1996:


(Hay que advertir que este libro aunque presenta el depósito legal de 1991 en realidad está publicado en 1996. Es importante tenerlo en cuenta para evitar confusiones al rastrear las fechas históricas)

He tardado bastantes años en conocer a Nieves Arbonés y compañía. Alguna risa hemos compartido con esta historia.

Por mi parte he vuelto solo una vez, cuatro años después. Era 30 de octubre y el agua estaba de nuevo muy fría, con algo de hielo al comienzo. El cielo en cambio estaba espléndido y un buen quebrantahuesos nos sobrevoló a mitad del descenso.

sábado, 3 de noviembre de 2018

GUARGUERA VIVA

Hay que hacerse eco de esta pequeña publicación:


Escrita por un buen número de colaboradores al amparo de la Asociación Guarguera Viva.
La modestia que asumen sus autores en la presentación incrementa la ilusión y espíritu de futuro que impregnan página tras página.
Todo escrito sobre el territorio del río Guarga es siempre una alegría.