jueves, 11 de julio de 2024

LAZERQUE, près d'Ansabe

El libro Les noms de lieux du cirque de Lescun, de Guy Bedecarrats, indica muy bien que Lazercot (Lazerque en mapas y libros) es un valle estrecho y alargado con dos estibas en dos rellanos. Desemboca en la Gave d'Ansaba, junto a los llanos de La Marry (habitualmente publicado como Lamary).

Los dos círculos rojos sitúan las dos estibas.
(Fuente mapa: IGN Géoportail)
Los mismos círculos rojos señalan las mismas estibas. La flecha naranja sitúa el Pont Lamary (La Marry).
(Fuente ortofoto: aplicación Mapas de Apple, versión 3.0)

La primera de las estibas, la inferior, es un idílico rellano de pasto con unos cuantos bloques calcáreos dispuestos al azar de la geología. Preciosas piedras cinceladas por el tiempo, dispuestas directamente sobre el verde:


Entre todas ellas la más grande aparece a la izquierda nada más llegar: le Caillaou.

El recuadro rojo señala le Caillaou.

Este nombre ya se recoge en otro valle muy cercano a este (ver aquí). Y es lógico, "cailloux" (piedras) no faltan en cualquiera de las estibas de estos lugares.

Al igual que ese otro 'caillou', éste también cobija su caseta. Habría que decir 'cobijaba', aquí el pasado pastoril lleva mucho tiempo desaparecido. Todos aquellos pastores de antaño son hoy, una vez más, "pastores de piedras".
Junto a ella, muchos otros restos desmoronados.

Una visión de buena parte del conjunto desde el extremo norte del rellano, en el lugar donde arranca la senda que lleva a Ourbiet (curiosa laguna colmatada publicada como lac d'Ourbiette).
En el centro le Caillaou.
Le Caillaou y lo que queda de su antigua caseta.

Abundan los muros de piedra derruidos, pero hay también algo que parece una segunda caseta, más modesta:

Parte inferior de la estiba. El recuadro rojo señala le Caillaou. El recuadro naranja indica la otra caseta.
Ambas construcciones vistas más de cerca.

Parece delimitar un espacio cerrado entre dos de los bloques de piedra. Uno de ellos incluso refuerza extrañamente la propia pared rocosa ¿lo aisla de la grieta entre ambos?
Es algo pequeña para cobijar personas ¿quizá una fresquera, un "saloir"?


MEMORIA
Como suele suceder, bien pocas referencias encontramos sobre estos restos, pocos se hacen eco. Al atravesar la esplanada monte arriba es muy fácil no reparar en ellos, solo nos saldrán al paso si vamos en busca de la senda que va a Ourbiette.
En la tésis de Mélanie Le Couédic de 2010 Les pratiques pastorales d'altitude dans une perspective ethnoarchéologique. Cabanes, troupeaux et territoires pastoraux pyrénéens dans la longue durée (ver aquí), nada se dice de este lugar cuando trata la vallée d'Aspe.
La guía Ollivier de esta zona (Pyrénées Occidentales I, Aspe et Ossau), desde su edición de 1960 hasta la actual, menciona tan solo la 'cabane':

Izquierda: croquis de la edición de 1960. Centro y derecha: croquis de la edición de 2007.
El círculo rosa señala el lugar y la cabane du Caillaou.

Más modernamente, el estupendo libro Lescun, tous Azimuts, de Jean Lacazette y Damien Lemière, explica:
Ici, comme un peu plus haut à Bourrégué, ce sont les ruines d'un pastoralisme disparu que l'on surprend. Les brebis et leurs bergers sont descendus il y a longtemps (...) , au bas du chaos de blocs vers un très gros rocher-abri, le "Caillaoü" (...)
Y ciertamente, este gran bloque rocoso tiene su presencia. Los mapas del IGN lo señalan (aunque sin nombrarlo):

La flecha roja señala el símbolo de "bloc rocheux isolé".
Izquierda: IGN, TOP 25 1547-OT, édition 1, 1991.
Derecha: IGN, TOP 25 1547-OT, édition 5, 2017.

Sin embargo, los mapas antiguos (Cassini, État-Major) nada dicen:

Izquierda: mapa de Cassini (1753-1789).
Centro: mapa del Estado Mayor (1820-1866).
Derecha: https://www.geoportail.gouv.fr/carte (ya con el símbolo de bloque rocoso)

Por nuestra parte aquí nos detenemos, una vez más...

MÁS ARRIBA TAMBIÉN
La cita del libro de Lacazette y Lemière ya lo dice, y efectivamente la foto aérea muestra otras estructuras en las cercanías de la estiba superior:

A la izquierda la primera estiba con los restos y le Caillaoü muy evidente (círculo rojo). A la derecha la segunda estiba con algunas estructuras sospechosas (círculos naranjas).
(Fuente ortofoto: aplicación Mapas de Apple, versión 3.0)

Ese primer claro de Lazerque, tan verde y las contadas piedras que tanto contrastan, recuerda, de otra manera es verdad, aquel otro rebaño petrificado que en Millaris cuenta la leyenda...



jueves, 20 de junio de 2024

36 AÑOS DEL CONSUSA INFERIOR

1: Barranco inferior de Consusa. 2: Barranco superior de Consusa. 3: Barranco de Angonés.
Punto blanco: Garganta de Escuaín. R: Revilla.
(Foto tomada desde Castillo Mayor)

Puede decirse que Ramón y yo nos conocimos en este barranco (ver aquí). Pronto hará 36 años, y solo una vez más, en 1991, lo hemos repetido juntos. Por mi parte hace 25 años que no lo bajaba. Era buena hora de volver ambos y así lo hicimos el pasado 16 de junio.

Y he vuelto a hacer un croquis, desde aquel primero de 1989, hace días... Con mi vieja libreta de comandas y el papel especial que me dio Werner por aquel entonces (ver aquí).

LOS BARRANCOS SECOS SE MUESTRAN MEJOR ASÍ
Es como más preciosos están. Tanto tiempo con un régimen de estiaje tan acusado y prolongado hace que su roquedo coja un aspecto particular, identificativo. Con agua no lucen, solo están mojados, chupidos.
Y, sobre todo, estando secos muestran todo el esplendor de su morfología, el impresionante trabajo de pulido por la erosión del agua. Todas las marmitas se muestran tal cual, las nervaduras, la estructura de la roca, a veces también los inauditos y redondos bolos de piedra.


Bolos de la primera marmita-trampa y bolo recogido en una de las marmitas que siguen (ver aquí).

El tramo inferior del Barranco Consusa es uno de ellos. Desde prácticamente su inicio hasta el volado rápel final. Quien lo diría viéndolo desde el exterior, con toda la vegetación que disimula el sustrato calizo de la Garganta de Escuaín.

FOTOS EN 32 AÑOS
Este barranco (pero no es el único, claro) merecería una dedicación fotográfica. Los pequeños detalles, fragmentos del encajamiento, las flores que en ocasiones, y durante algunos días, se acercan al fondo, los bloques encajados casi en cualquier sitio, el pulimento prolongado y recortado del cauce, la luz ora aquí ora allí, las curvaturas de las marmitas, bolos de piedra de cualquier condición, el color de la superficie rocosa, del agua residual, la cobertura exterior que lo tamiza todo...
Cualquiera de las fotos que realizamos son un fruto improvisado, responden al momento de pasar, escasa pausa entre un resalte y otro, su descenso no es muy fácil.
Pero todo parece lento, como si no pasara el tiempo.

Pasillos escombrados, no de gravilla sino de grandes bloques, como si todo fuera roca madre, como si la roca viva se resistiera a fragmentarse.
Canalizos y marmitas, suaves y estrechos. Con los ángulos redondeados, las piedras también. La humedad escurriendo por los mismos caminos.
Cuchí a la izquierda. Ramón y Anabel a la derecha.
La primera marmita-trampa, de estética eterna.
Cuchí, dentro y fuera.
La segunda marmita-trampa, como tallada en un solo bloque.
Izquierda y centro Cuchí. Ramón y Anabel a la derecha.
Umbral de salida de la garganta-cueva, el mejor lugar del barranco.
Cuchí a la izquierda, Ramón en el centro, Anabel a la derecha.
La salida del umbral anterior. Pisando la misma roca.
Cuchí a la izquierda, Quique a la derecha.


El formidable desfiladero que sigue a ese umbral.

LOS CROQUIS
He dibujado dos perfiles de este barranco.
El primero fue el 15 de septiembre de 1989 para el tomo 2 de Cañones y Barrancos, las guías que escribimos entonces Fernando Biarge y yo. Es este:

No guardo las hojas de los apuntes que tomé durante el descenso, este es el resultado de pasarlo a limpio. Hay algunas correcciones ya que durante un tiempo, según iba viendo cada vez que lo repetía, fui anotando las variaciones de los anclajes de las instalaciones, pero lo dejé pronto.

Ahora he vuelto a dibujarlo:


Y estas son las ubicaciones vistas en ortofoto (las indicaciones hacen referencia al croquis actual):

(Fuente ortofotos: aplicación Mapas de Apple, versión 3.0)

LAS MARMITAS-TRAMPA
Este barranco tiene el aliciente añadido de sus dos perfectas marmitas-trampa, semi-esféricas y por lo tanto de difícil salida (ya las hemos visto en foto más arriba). La cosa tiene su miga ya que al principio, durante su primer descenso, esto pasó desapercibido:

Este es el artículo donde se cuentan las primeras exploraciones y descensos que este equipo de franceses realizó en los años 1983-1985. Cuando se refiere al descenso del Consusa inferior hace una mención clara a las condiciones encontradas: "marmitas llenas hasta el borde" "a ras". Es decir, las marmitas-trampa estaban llenas de agua y nada pudieron sospechar.

Es así que la primera guía de descenso de barrancos del macizo de Monte Perdido presentaba un croquis de este barranco sin incidencias, como cualquier otro. Lo mismo pasó con la primera en castellano, versión actualizada de la anterior:

Izquierda: 1985. Derecha: 1986.
El recuadro rojo señala el sector de las marmitas-trampa como una simple sucesión de pozas y toboganes.

Sin embargo, la tercera edición, publicada en abril de 1987, hace ya una advertencia:

Efectivamente, se trata del mismo croquis de las dos ediciones anteriores pero con un añadido: "Posibilidad de dos pozas sin agua, atención: trampas).

A todas luces alguien, entre 1985-1986 y 1987, había pasado por allí, confiado en las indicaciones de las primeras guías, y se llevaría una sorpresa mayúscula. Ya nos gustaría saber como se las ingeniaron para salir...



viernes, 7 de junio de 2024

UNA CRUZ EN LA CANAL DE IZAS

Tras el repecho que defiende la parte final de la Canal de Izas, al dejar las cascadas del río y casi acabando la glera, el camino se suaviza y entra en la zona plana del valle que en ese momento ya se abre y muestra mejor vista. Poco antes de alcanzar los primeros prados, preciosos de flores en primavera, el camino pasa junto a una gran piedra muy evidente.

El prado florido. El círculo rosa señala la zona que nos interesa.

Se trata de una roca de calcáreo con la cara bien lisa, en el lado izquierdo del camino según se sube.

El círculo rosa sitúa la roca.
(Fuente ortofotos: aplicación Mapas de Apple, versión 3.0)

Esta es la roca, al lado del camino. El círculo rosa sitúa lo que nos interesa.

Aunque algo deslucida se ve bien la marca blanca y roja de la baliza del antiguo trazado del GR-11 (hoy en día transcurre por la Canal Roya). Pero justo a su derecha hay otra, muy diferente, bastante más antigua. Según la hora del día, es decir, según la sombra que genera, se ve más o menos bien. Es muy evidente, pero claro, hay que fijarse.
Se trata de una cruz grabada.

La roca con las dos marcas, pintada una (raya blanca - raya roja), grabada la otra (una cruz).

¿Por qué hay una cruz aquí? ¿Se trata quizá del clásico símbolo protector a la entrada de la zona pastoril? Pero no, recuerda más bien a las típicas cruces de deslinde. Y así es, veamos.

Si acudimos a los mapas no encontramos nada, ni siquiera en los más antiguos:

Mapa IGN 1:50.000, hoja 145-Sallent, 1ª edición, 1936.
El círculo rosa sitúa la piedra con la cruz.
Mapa IGN 1:50.000, hoja 145-Sallent, 2ª edición, 1963.
El círculo rosa sitúa la piedra con la cruz.

Sin embargo, en la minuta inicial de 1928 y en el catastrón de revisión de 1955 que preparó la 2ª edición, encontramos una indicación:

Planimetría de la minuta cartográfica de 1928.
El círculo rosa sitúa la piedra con la cruz.

(Fuente: Centro Nacional de Información Geográfica)
Catastrón de 1955 que actualiza la 2ª edición del mapa 1:50.000.
El círculo rosa sitúa la piedra con la cruz.

(Fuente: Centro Nacional de Información Geográfica)

Efectivamente, en la minuta de 1928 aparece una fina línea negra continua que pasa precisamente por la roca de la cruz. Esta línea forma parte de las que delimitan zonas de terreno definidas con iniciales en minúscula: s.M.a.P. (símbolo Monte alto Pinos) y s.E.P. (símbolo Erial Pastos), denominaciones del terreno vegetal que el mapa definitivo reflejaba por medio de diferentes fondos de dibujo.
Con posterioridad esas líneas negras se corresponden con las líneas verdes gruesas que aparece en el catastrón de 1955.

Sin embargo, esa diferenciación del terreno no es motivo a priori para justificar la presencia de la cruz. La explicación la encontramos al acudir a las delimitaciones catastrales:

Arriba: mapa derivado del IGN. Abajo: ortofoto derivada del PNOA.
El círculo rosa sitúa la piedra con la cruz.

(Fuente: mapa de la sede electrónica del catastro, ver aquí)

Visto más de cerca se ve con claridad meridiana:

Ortofoto con indicaciones catastrales. La flecha rosa señala la piedra con la cruz, atravesada por la línea negra del deslinde catastral (para consultar los datos del polígono y parcela correspondiente ver aquí).
La doble línea rosa sigue el trazado del camino y las dos azules el río.
(Fuente: mapa de la sede electrónica del catastro)

Cruces grabadas de este tipo responden de manera recurrente a deslindes administrativos: ver aquí la que se encuentra en el Tozal de Guara y aquí la del Cerro Balcez en el Valle de Rodellar.

El monte está lleno de señales...


jueves, 30 de mayo de 2024

PRIMEROS PASOS POR EL PORT

Era la época en la que Edu (Eduardo Gómez) estaba ultimando su libro sobre descenso de barrancos en Cataluña. Hace 31 años.

E. Gómez y M. Soro. Gorgas y barrancos de Cataluña, Mallorca y Alto Ésera. Edición de los autores. Barcelona. 1993.

El 14 de enero de 1993 me llamó Begoña, la mujer de Edu, y el 20 volvieron ambos a contactarme para ir a bajar barrancos por Beceite ese fin de semana. Así que llamé a José Antonio Cuchí y dejamos para más adelante nuestro plan de ir a investigar el camino colgado que cruza el Barranco Chimiachas y que ya vimos cuando efectuamos unos años antes su primer descenso (pocos días después, el 7 de febrero fuimos y lo encontramos: ver aquí).
En esos días fríos y solitarios de invierno esa invitación nos descubrió el formidable macizo del Port. ¡Qué lugar!

23 de enero de 1993
Cuchí y yo nos pegamos un buen madrugón y por carreteretas y mil curvas nos plantamos en el Monte Caro.


Tan larga carretera y las ganas de subir hasta la misma cima del Monte Caro (lo más alto de una sierra que, según subíamos, ganaba en perspectiva y en paisaje asombroso para nosotros) nos hizo llegar tarde para entrar a las preciosas Gubias del Regatxol... Cuando salió Edu de ellas, ya todos juntos, atravesamos por una intrincada pista todo el macizo y salimos por el otro lado, el del interior, en Beceite.
Edu, ya lo conocemos, tenía prisa por conocer muchos lugares para incluirlos en su libro y así, pese lo tarde que era, y eso que en enero el día acorta mucho, aún nos decidimos por bajar un barranco más: el (tiempo después muy conocido) Barranco de les Canaletes.
Guardo algunas fotos de ese momento, con el día declinando y poca luminosidad:

Izquierda: la estupenda cascada de inicio (Lo Ventador). Centro: tramo encajado central. Derecha: en los oscuros.

Con tan poca luz y semejante rapidez para no salir de noche cerrada, no tomé ninguna nota. El croquis lo hice de memoria, luego lo pasé a limpio:


Es así como conocimos a estos chicos de Tortosa amigos de Edu. Desgraciadamente no guardo sus nombres pero gracias a ellos empezamos a tomar contacto con los barrancos de tan formidable y laberíntico macizo. Bien agradecidos les estamos. Apenas sabíamos nada de este lugar y mucho menos nombrarlo con corrección (en mi agenda lo anoté como "Ports de Beseit"). Pero nos guardaban para el día siguiente una joya resplandeciente... (luego veremos). De esa noche, tomando un bocado en Horta de Sant Joan, más contentos que cansados, guardo una simpática foto de un joven Edu:

Eduardo Gómez

24 de enero de 1993
Esta vez no madrugamos nada, aunque el día iba a ser largo el barranco lo teníamos cerca.


Nos llevaron a la Vall Figuera, casi nada. Menuda maravilla. Recuerdo que el día era más bien gris, nublado, en concordancia con el mundo mineral que nos iban a descubrir.



Estas son fotos de aquel día.

Las pocas pozas que mantenían agua eran afortunadamente evitables, aquel era un mundo de piedra pulida y ambiente como fosilizado. Siempre he estimado los barrancos secos y este siguió cimentando mi fé. He vuelto varias veces más, siempre en otoño-invierno y con las mismas condiciones, en una de ellas escalé la marmita-trampa por la izquierda.

Esa primera vez sí que tomé notas y pude dibujar un buen perfil. Así nos lo encontramos aquella vez:


Y esta fue la kilométrica combinación de coches que hicimos:


La segunda vez que volví evitamos la bonita avenida de caos de la Vall Cervera y la larga pista de aquella primera vez. Pero ese nuevo retorno, por el Pujador de les Gubies, era muy bonito, muy al estilo de los Ports

Desde entonces su reequipamiento ha ido variando. Una búsqueda en internet nos mostrará en seguida otros croquis y las variaciones en sus anclajes, progresivamente seguros y abundantes. En 1993 era más simple e improvisado, teníamos la sensación (real por lo demás) de seguir unas huellas muy poco pisadas, ser partícipes de un secreto guardado.

En ese año esa especie de pequeño secreto empezó a dejar de serlo. Salió el libro de Edu y yo publiqué algún artículo en la revista Desnivel y la prodigiosa Vall Figuera tuvo su lugar de honor:



Ciertamente en aquella época no circulaba casi ninguna información sobre barrancos en los Ports sino era en el ámbito local, de manera que ésta y el libro de Edu fueron las primeras en trascender. Sin embargo, no eran pocos los barrancos ya bajados (y lo que vendría después). Aquí, como en otros muchos lugares, está todavía pendiente escribir la historia, detallada y documentada, de la exploración barranquista.

Maravillosos Ports.