domingo, 8 de junio de 2014

EL ESPOLON DE LOS ELFOS

Hoy hemos escalado en Sopeira el Espolón de los Elfos los cuatro que últimamente andamos volviendo a merodear juntos. Yo había estado aquí por primera vez el 19 de marzo de 1995. El 6 de mayo de ese mismo año volví, y también Ramón (aunque iba en otra cordada). Aún estuve una tercera vez y hoy aquí estamos. Hace días que las cordadas ya están hechas si nos hemos de juntar los cuatro, Ramón ya me entiende.


Inútil decir las bondades de esta vía para todo aquel que la conoce. Una roca que quita el hipo, presas por todas partes, dificultad mantenida y, oh maravilla, equipamiento comedido: "pocos" parabolts y ninguno allí donde uno se puede asegurar con fisureros o friends.
Por lo que respecta a la dificultad no creo que nunca nos vayamos a poner de acuerdo. Miro varias reseñas y me quedo algo perplejo. En 1995 hice la mía propia y a día de hoy creo que la sigo suscribiendo. He añadido algunas precisiones.


Estas son algunos de los ratos del día de hoy (comida en Benabarre excluida):

Anabel a pocos metros de llegar a la segunda reunión. Detrás suyo una placa formidable. 

Anabel a pocos metros de llegar a la tercera reunión. Una fisura para autoprotegerse a placer. 

Mariano a punto de entrar en la placa más curiosa de la vía (no hay arbustos a donde dirigirse, como ya lo había intentado en el tercer lago, por algo es "Arboleda"). Mi pié ya anuncia que en la reunión no hay mucho espacio (ya se sabe, ideal para gente bien avenida).

Anabel en medio del bonito cuarto largo. Ramón en la reunión cuidando también de su pié (lo que puede). 

Ramón llegando a la primera reunión.

Quique en el segundo largo. Placa generosa...

El material de Ramón... solo le faltan las mallas fluo.

sábado, 7 de junio de 2014

25 AÑOS. Barranco San Miguel

Este es el patito feo de la colección. Pero no para mi. Le tengo simpatía.
Habíamos oído hablar de la "Foz Verde", itinerario de kayak justo en la cabecera de la Foz de Biniés en el río Veral. Nos mirábamos las paredes de esta última, de mucha más envergadura. Quien sabe, podía haber alguna sorpresa lateral. Solo vimos que llegaba por su margen izquierda lo que parecía un cañón afluente: el Barranco San Miguel.
El 7 de junio de hace 25 años Fernando Biarge y yo nos decidimos a entrar en él y efectuar su descenso.
Como íbamos con un solo coche pensamos en alcanzar el camino de aproximación a las bravas. Aparcamos en la carretera, cruzamos el río y subimos por la otra orilla por donde mejor lo vimos. Salió bien, no peleamos gran cosa con la vegetación y pronto dimos con una bonita senda (hoy es una GR).
Fue un primer descenso sin contratiempos ni apenas dificultades. Sin desfiladeros angostos ni marmitas-trampa ni caos de bloques. Tampoco había prácticamente ni gota de agua.
Con semejante carta de presentación en seguida le cayó su sanbenito: un barranco sin interés o, como decía Fernando, para "coleccionistas". Vamos, para no volver y quizá ni para ir.
Sin embargo yo tengo un buen recuerdo. Me gustó el paisaje, las rocas, los árboles y la luz. No había nadie, por supuesto, y todo era muy tranquilo. Fue un paseo curioso.
Nunca he vuelto. Aunque lo he intentado, por a por b la cosa siempre se ha torcido. Solo he llegado hasta la cabecera andando por el camino desde Biniés. Me lo pasé muy bien.

Ni siquiera tengo un croquis previo, solo el que dibujé para la guía.
Al publicarlo ya cargamos un poco las tintas sobre su escaso interés, visión que arraigó rápidamente. Tan solo se publicó unas pocas veces más y con la misma mentalidad. Hagamos un repaso:

Así lo explicamos por primera vez en nuestra guía.

También lo recogió Luis Mariano Mateos en la suya.

 Gimat no puso ninguno de sus corazoncitos de apreciación estética.

Para mí es un ejemplo de que el descenso de barrancos no es, ni mucho menos, tan solo caudal y rápeles, ni exclusivamente una actividad deportiva, ni necesariamente tecnificada.
Creo que, desde hace bastantes años, es un descenso prácticamente olvidado.

martes, 27 de mayo de 2014

POR GRAUS

Veníamos a subir la Peña el Morral. Cosa que hicimos.


Pero ya nos dimos cuenta que nos gustaba más lo que teníamos a la espalda. Cuantos tejados juntos.


Si nos gustó... Un observatorio con su huerto.

Pero encontramos algo más.


Un muy viejo olmo. Sobreviviente a la grafiosis, a un fuerte vendaval, recubierto de cobre en espera de protección.
Supimos en seguida que lo quieren mucho. Encontramos estos versos de Francisco Castillón en el Llibré de 1979:


martes, 20 de mayo de 2014

25 AÑOS. Aigüeta de Barbaruens

Debemos a Fernando este precioso primer descenso. Así de bonito nos pareció aquel día, a nosotros y a todos los que han venido detrás. La Aigüeta de Barbaruens nos pareció con una entidad diferente, un río en un gran valle. No recuerdo como fue a parar a sus manos aquel informe forestal, pero hablaba de gargantas escondidas bajo la masa de árboles. No hizo falta más, nos convenció en seguida.
Allí fuimos un día como hoy hace 25 años Fernando Biarge, Rafael Larma, Isaac Hoyos, Ramón Bitrián, Ignacio Costas y Enrique Salamero. Por un momento pensamos que quizá fuera un poco pronto y encontraríamos demasiado caudal, pero Rafa comentó que Cotiella desagua sobre todo hacia el Cinca, así que no se habló más.

Sabíamos donde íbamos a acabar, en el Puente de la Saca. Estaba claro que de allí para abajo no había gargantas.
Pero hacia arriba era otro cantar. ¿Cómo saber donde se estrechaba el río?. Con tanto bosque y sin saber de posibles caminos no había forma de ver nada. Decidimos entrar en su cabecera, donde se juntan diversas vaguadas y lugar al que desciende una pista. No era poca la combinación de coches.

En azul aparece la pista principal, en verde las de aproximación y descenso, en rojo todo el tramo que descendimos.

Esto de empezar arriba y no saber muy bien que hay, tiene sus cosas... Ya nos pasó en el Pallas (ver aquí), pero Barbaruens no es Guara y aquí hay agua y árboles, no pinchos y matorral. Sin embargo, el "eterno impaciente" de Ramón tuvo este día su dosis de penitencia. Durante mucho rato las supuestas gargantas no aparecían y el río se hacía largo, aunque había algún caos curioso y rápeles de vez en cuando. Ramón siempre iba 100 m delante nuestro, maldiciendo y diciendo ocurrencias queriendo encontrar el esperado desfiladero en la siguiente curva.
No es siempre verdad aquello de que "el que espera desespera", el informe tenía razón. Al final las laderas se acercaron, la roca ganó terreno y encontramos las ansiadas gargantas que todos conocemos.
Nos gustó muchísimo. Había agua, la roca era muy bonita y había estupendas formas de erosión. Y flores, lianas, musgos, infinidad de troncos vestidos de verde, un cielo que aparecía entre el bosque de hojas, piedras de colores. La luz jugaba con la sombra y el agua.

Estas dos fotos las tomé años más tarde, el 19 de julio de 1997. Iba con mi amigo y compañero de profesión René Bouyal. Lo saltamos todo. Era un día de inspección, queríamos traer clientes aquí cosa que ya hicimos cuatro días después.

Nunca he dibujado un buen croquis de este barranco, ni antes ni después. En esta ocasión no tomé ningún apunte y lo que hice fue de memoria. Este fue el resultado:


EL SEGUNDO DESCENSO, UNA PRIMERA INVERNAL.
Para paliar el penoso croquis de la primera vez, nos propusimos volver en 1991. Entonces estaba dibujando en limpio los croquis que iban a ir a las guías, había que darse prisa y así fue como acabamos por hacer no solo el segundo descenso sino también la primera invernal. Fue fenomenal. Lo anoté en mi agenda:


Como se trasluce del texto, ya intentamos ir el día 3 pero me olvidé el lápiz y el papel. Nos contentamos con comprobar lo idóneo de la pista de aproximación desde el Puente de la Saca. Todo quedaba propicio.
Tengo una diapositiva de aquella primera invernal. Le tengo aprecio:

De izquierda a derecha: Fernando Biarge, Eric Zindel, José Antonio Cuchí y Helga Zindel.

martes, 13 de mayo de 2014

ALPINISTAS COMO NOSOTROS

Salieron de la marmotera de casa y se vinieron un día.
Se sentaron en el mojón cimero del Pic de l'Aiguillette.


No daban crédito a sus ojos. Sí a su corazón.


En seguida hicieron planes.
Nunca han dejado de venir.

LA MARE DE DÉU DE LA PERTUSA

Cuentan que aquel que consigue rodear el edificio de la ermita consigue todos los favores celestiales que pida.


Quizá por eso no conseguimos los favores que al principio buscábamos. Aunque conseguimos otros. No en balde, también acabamos por rodear la ermita a nuestra manera y, al llegar arriba, nos encontramos que se celebraba el àplec anual de la Virgen de la Mare de Déu de la Pertusa. Misión cumplida y círculo completado.





Con vistas así no hacen falta muchas justificaciones:


Incluso los hombres de poca fé llegamos en el momento y lugar adecuados:

martes, 6 de mayo de 2014

BACHIMAÑA. Elefantes

En verano, en ocasiones, el lomo de grandes animales aflora en la superficie. Quietos, lentos. ¿Qué harán en invierno?



Algunos permanecen entre las rocas, disimulando con sus piel fosilizada el paso muy largo del tiempo.