domingo, 23 de agosto de 2015

PICOS DE EUROPA. Entre minas y nosotros ignorantes

Nos cabe el consuelo de que volvimos menos de lo que llegamos, pero seguimos sabiendo demasiado poco del pasado minero de estas alturas...
Y lo cierto es que se ven multitud de bocaminas y restos arruinados de construcciones a menudo mimetizados entre tanta piedra blanca.
Aprendimos a distinguirlas desde lejos (cosa no tan evidente como pareciera, tantas son las simas y cuevas que les hacen competencia). Las que pudimos ver se encuentran en la Torre de Altaiz. Desde su base hasta no lejos de su cima. Cuesta de creer.
Son estas:


La flecha roja señala la construcción que luego veremos y el recuadro rojo una bocamina.
Ambos se sitúan en la vía normal.


Las flechas rojas superior e intermedia señalan lo indicado en la panorámica anterior.
La flecha roja inferior indica la bocamina que vimos al ir al Madejuno.

Y así las vimos:

En el centro de la fotografía (tomada a escasos metros de la cima) se ven los restos de la construcción mencionada.

Este es el camino minero que baja de la construcción anterior y que hace las veces de vía normal a la cresta cimera.

Y así se ve hacia fuera y hacia adentro desde la bocamina que aparece en ese camino.

Esta es la bocamina que se encuentra en la misma base de la montaña. ¿JST 4?

En el mismo Collado de Fuente Escondida hay estos otros restos:

Casi irreconocibles. Y tantas otras así en las cuatro direcciones

Al día siguiente de Madejuno, en el casco antiguo de Ribadesella, a punto de salir de este pasadizo, la imagen de las bocaminas acudió como un relámpago.
En fin, decidimos no elucubrar sobre la vida que los mineros debieron llevar en aquellas otras.


sábado, 22 de agosto de 2015

PICOS DE EUROPA. Otros tiros (4). Naranjo

Una mole de impresión.
Tan independiente y aturdidora como las murallas del Midi d'Ossau.



Cuando llegábamos a Horcados Rojos, nos lo estábamos imaginando. Nos volvimos a quedar petrificados.
Que bueno es llegar por primera vez a un sitio sin saber lo que vas a encontrar.

Pasado un rato, la inmensa y desierta hondonada del Hou Los Boches también nos descolocó.

Dos días después, desde el precioso Madejuno, el mismo ángulo de tiro:

Cima. Nadie. El "murallón" y el Naranjo.

De cerca. También la Torre de Horcados Rojos.

 Más de cerca. Unos puntitos en Horcados Rojos donde ya estuvimos.

PICOS DE EUROPA. Otros tiros (3). Altaiz y Madejuno

Nos bajamos de la Aguja Ostaicoechea por frio y viento.
Fuimos a Horcados Rojos.
Durante el camino guardaban nuestra izquierda las dos montañas que subimos aquellos días.

Al principio, las piedras aún dejaban ver algo de verde.

Incluso el pasto "desclareó" un poco el blanco.

Cerca de Cabaña Verónica, bajo la Torre de los Horcados Rojos (el extremo occidental de nuestro "murallón"), parecíamos estar en la luna.

PICOS DE EUROPA. Otros tiros (2). Murallón

Así le decíamos. Nos dejó pasmados nada más llegar.
De Peña Olvidada a la Torre de Horcados Rojos.
Lo vimos tantas veces.

El primer día, cuando escalábamos la Torre de Altaiz, volvíamos continuamente la vista.


En su totalidad desde la aguja donde se monta la tercera reunión.

Desde justo encima del gendarme con vistas de la cuarta reunión.

Cuatro días después, camino del Madejuno:

Ya hemos sobrepasado la Torre de Altaiz. El "murallón" coge perpectiva.

Desde la cima del Madejuno, el "murallón" ya no está solo.

PICOS DE EUROPA. Otros tiros (1). Horcadina

Son dos panorámicas prácticamente iguales, tomadas sin querer. Desde la pista minera que faldea los paredones de la Peña Olvidada, a poca distancia de la Horcadina de Covarrobres.

Veníamos de escalar la cara nordeste de la Torre de Altaiz.
Montones de personas seguían camino arriba pese al calor de un día fenomenal.

Cuatro días después camino del Madejuno.
Solo una chica inglesa iba de pantalón corto y escasa camiseta. No hacía nada de calor pero sonreía.

PICOS DE EUROPA. Otros tiros

Abunda el nombre: Tiro Llago, Tiro Tirso, Tiros de Casares...
Dos interesantes publicaciones (muy separadas en el tiempo, tanto de escritura como de publicación) abordan el término:


Saint-Saud, en su monografía de 1922 es claro, aunque breve y conciso:
TIRO. -Puesto de caza bien escogido para tirar a los rebecos. -Tiro Tirso y Tiro de Alfonso XII (macizo central)
La primera guía de M.A. Adrados y J. López de 1980, explica con más precisión:
TIRO.-Horcada en una línea de cumbres, donde se apostan los cazadores para tirar al rebeco. Algunos "tiros" recuerdan el nombre de conocidos cazadores o personajes ilustres que visitaron los Picos de Europa para cazar. Ej: Tiro Tirso, Tiros del Rey, Tiro del Cura, Tiros de Casares. Otros, tienen la denominación de accidentes geográficos cercanos. Ej: Tiro Llago, Tiros de la Torca. Muchos "tiros", a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado, acabaron dando su nombre a las cimas innominadas que existían en sus proximidades.
¿Tiros?
Con los días hemos caído en la cuenta de que, en cierta manera, también nosotros hemos estado de tiros. Otros tiros, claro.
Son tiros personales. Puntos desde los que hemos fotografiado paisaje.
Son estos:


(Fuente: mapa 1:25000 Picos de Europa, macizos Central y Oriental. Adrados Ediciones. 2015)

El azar quiso que se establecieran dos líneas de tiro: de 1 a 3 y de 4 a 8.
Esta vez, el azar quiso también que nuestras piezas surgieran solas. No las buscábamos. Pero se hacían recurrentes. Las hemos juntado según nos han sugerido el recuerdo y la impresión.

miércoles, 19 de agosto de 2015

DE TRESVISO, SAINT-SAUD Y PASTORES

Ni por casualidad nos imaginábamos todo esto.
Al principio solo habíamos visto en el mapa un camino marcado como PR que parecía curioso. Casi nada lo que venía detrás...
Y por si fuera poco, después de tanto seguir a Saint-Saud y los viejos pastores por el Valle de Rodellar, nos los encontramos aquí.

Se trata del viejo camino minero de Tresviso a la Central de Urdón en el fondo del desfiladero de La Hermida, en Picos de Europa. Una simple búsqueda en internet y aparece rápidamente.

A la vuelta de la excursión encontramos en Potes un librito de los de antes que explica lo que antaño fue Tresviso. Y por si fuera poco, también la monografía de Saint-Saud.
De repente los Picos de Europa dejaron de ser para nosotros tan solo un macizo en el que trepar.


Quien sienta curiosidad tiene en el librito azul una estupenda manera de empezar.

A parte de lo impresionante del camino y de la preciosidad de los invernales de Prías, nos llamaron la atención dos construcciones ya arruinadas.
De la primera nada sabemos, salvo lo formidable de su ubicación vertiginosa:


Respecto a la segunda nos dejó petrificados al divisarla mientras subíamos:



El recuadro rojo lo señala. El librito azul ya nos dio una pista, luego lo encontramos por internet y finalmente resultó estar ya publicado en un interesante libro de Ángel Sánchez Antón que ya no hemos tenido tiempo de buscar: "Macizo Nororiental de los Picos de Europa. Peñas Cabriegas".
Se trata de una cavidad conocida como Tombu Robru al que los pastores entraban con el ganado desde abajo y desde arriba. Asunto bien poco fácil. En la foto de la derecha se ve la cornisa picada para su acceso inferior. El superior no es menos difícil. En el abrigo rocoso aún se distingue parte del muro de piedra seca, fue lo primero que vimos.
Peñas y pastores siempre traen cuestiones de notable interés.

En 1907 Saint-Saud ya estuvo aquí y escribe sobre el en su monografía. Tresviso a parte, estas líneas nos llaman particularmente la atención:
Bajando el 12 de julio nos paramos para calentarnos y desayunar en la venta de las Cortes, pequeño y bonito albergue atendido por serviciales personas. Durante el descanso, me acuerdo que fue encantador y animado, más aun porque el alcalde de Potes se nos había unido; rememoraré también cierta ensalada de huevos duros y cebollas, y los viejos vinos, regalo de Bustamante, de la Liébana (el famoso Tostadillo, pues la yema y sobre todo el lagar son inferiores) (...) Por lo demás los albergues asturianos y montañeses están menos sucios y mejor aprovisionados que los de Aragón y Cataluña, en una palabra menos mediocres, y la gente más diligente.
Ya que recordamos su conocida cita del 16 de septiembre de 1883, la de quien, aunque esforzado y curioso viajero, no olvidaba la comodidad de la nobleza:
En Bagüeste (1.247 m), ¡qué decepción ! El señor cura que me había alojado el año pasado, está ausente, y su casa, casi cerrada; me veo obligado a llamar a la puerta de una de las casas del pueblo que, aún siendo la mejor, es de una pobreza relativa y de una suciedad a la que difícilmente me acostumbro. La miseria diurna todavía pasa; pan, vino, huevos y no morimos de hambre. ¡Pero la miseria nocturna! Sigo sufriendo tanto como en mi primera incursión por España. ¡Qué jergones! Se diría que están rellenos de leños. ¡Qué sábanas! Sólo se pueden mirar a la luz pálida del quinqué humeante. ¡Y si se durmiese solo! Pero para colmo hay que cohabitar con incontables variedades del tipo insecto que vienen a degustar la carne francesa; quince días después de mi regreso todavía se podía leer en cincuenta y siete puntos rojos, grabados en la mano y la muñeca derechas, el insomnio de mis noches. Estar agobiado por los largos recorridos, por el trabajo constante y una tensión mental de varias horas en las estaciones topográficas, ¡y no poder dormir! Evidentemente es demasiado. ¡Y tampoco este año me he librado de estas miserias!
Y la de su pernocta en el Mesón de Barranco Fondo dos años antes, el 17 de junio de 1881:
No pude dormir en este terrible albergue; me acababa de dormir en un mísero camastro, y me tuve que levantar cubierto de los pies a la cabeza de mordeduras provocadas por un pequeño animal largo, muy ágil, una especie de ciempiés, según creo. Me quedaron marcas de las picaduras al menos quince días. La cocina negra y llena de humo, donde los muleros dormían en el suelo, me proporcionó un asilo igual de triste, pues otros insectos más conocidos se dedicaron a pasear sobre mi persona negándome el reposo.
Imposible arguir una defensa patria.